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8 de febrero de 2010

REMA MAR ADENTRO (Lucas 5,1-11)


7 de febrero de 2010 - V Domingo del Tiempo Ordinario- Ciclo “C"
“En mar abierto”: amplitud y profundidad de la Misión

Isaías  6,1-8
Salmo  137
1Corintios  15,1-11
Lucas  5,1-11



Rema mar adentro y echen las redes... Y, dejándolo todo, lo siguieron” (Evangelio, v. 4.11). Así, Pedro y sus compañeros. Lo mismo que Isaías, Pablo... y todos los que, a lo largo de los siglos, han acogido la invitación-mandato del mismo Señor de salir para una misión. Múltiples son las vocaciones y misiones, distintas en sus formas, recorridos y circunstancias, pero idénticas en su origen y finalidad. Las tres lecturas de este domingo presentan tres vocaciones típicas: Isaías, Pablo, Pedro, las cuales, aun siendo vocaciones personales y específicas, tienen muchos elementos comunes, p. ej. éstos:

- 1. La iniciativa de Dios es el punto de partida de cualquier vocación-misión. Él es el que llama y envía. Isaías, en medio de una extraordinaria manifestación divina (I lectura), escucha la llamada de Dios que busca a alguien para enviarlo (v. 8). A Pablo se le aparece el mismo Cristo resucitado (II lectura) y le revela lo que debe anunciar (v. 3.8). Lucas describe detalladamente la escena: Jesús predica desde la barca de Pedro (Evangelio), luego lo invita a remar mar adentro, a echar las redes, y hace de él un pescador de hombres (v. 4.10).

2. En la aventura de la vocación-misión es fundamental la experiencia de Dios, percibido como grande y santo, en contraste con la pobreza e indignidad del apóstol. No se trata de tener visiones, sino experiencias interiores, que son diferentes para cada uno, pero necesarias para todos. Ante Aquel que es Tres-veces-santo,Isaías se siente perdido, hombre de labios impuros, luego purificado (v. 3.5.7). Por su parte, Pablo se declara el último, indigno y perseguidor (v. 8-9). Y Pedro, ya tocado por la palabra de Jesús y asombrado por la pesca milagrosa, se reconoce pecador, se arroja a los pies de Jesús y le ruega que se aparte de él (v. 8-9). Pero, ya queda claro que Dios ha optado por servirse de frágiles instrumentos para realizar su salvación: los purifica y habilita para que sean operadores de la misma.

- 3. El Señor llama para confiar una misión. Puede ocurrir que al comienzo la tarea no sea clara; se hará concreta más adelante. Lo que importa es la disponibilidad incondicional por parte de la persona llamada, una firma en blanco, como en el caso de Isaías (v. 8). Para Pablo la tarea consiste en anunciar el Evangelio: Cristo muerto y resucitado (v. 3-4.11). Pedro y los otros están llamados a remar mar adentro, a ser pescadores de hombres en un mundo vasto y complejo (v. 4.10).

- 4. La respuesta es el seguimiento: una respuesta que cambia la vida del apóstol. “Aquí estoy, mándame”, contesta Isaías (v. 8). Pablo está contento con ser lo que es, de haber trabajado y predicado (v. 10-11). Pedro y sus compañeros dejan las barcas y siguen al nuevo Rabí (v. 11).

- 5. La fuerza de la misión viene de Dios, no del apóstol. El fuego purificador ha quemado todas las resistencias eIsaías se anima a ir, enviado por el Señor (v. 8). Pablo reconoce que está actuando “por la gracia de Dios” (v. 10). APedro ya no le importa exponerse al riesgo de otra pesca infructuosa, e incluso a lo ridículo de pescar en pleno día. Se fía de Cristo: “por tu palabra...” (v. 5). Yendo en contra de toda lógica humana, está dispuesto a pescar a medio día.

El "duc in altum" (rema mar adentro, v. 4) es la orden audaz de Jesús a Pedro: sumergirse en el vasto mar del mundo, enfrentarse al poder del mal y a sus fuerzas mortíferas. Se trata de encontrar a las personas allí donde estén, llevándoles un mensaje de salvación, devolverlos a la vida, así como ya lo explicaba S. Ambrosio: “Los instrumentos de la pesca apostólica son como las redes; en efecto, las redes no causan la muerte del que queda atrapado, sino que lo guardan en vida, lo sacan de los abismos a la luz y desde lo profundo llevan a la superficie al que estaba sumergido”.El proyecto global de Dios es para la vida, para fortalecer, acrecentar la vida. Cristo no retira a sus pescadores del mundo, los quiere presentes en en el mundo, pero los guarda del Maligno (Jn 17,15).

La acción del "duc in altum" (gr. ‘eis to bathos’) indica la vastedad, la dispersión por los caminos del mundo, pero sobre todo la profundidad a la que está llamada la misión. Jesús no confía a Pedro y a sus amigos una tarea sencilla, de superficie, sino de alta mar. Se señala aquí la obra de la evangelización en su complejidad, que abarca metas vitales, como: anuncio de Cristo, inicio de la comunidad, inculturación, promoción humana. Una misión exigente, abierta a cada pueblo y cultura.

El “duc in altum” es un estímulo para empresas valientes. Partiendo del 'duc in altum' Juan Pablo II presentó el programa misionero de la Iglesia para el Tercer Milenio. Un programa que se realiza “aguzando la vista” y con un “gran corazón”. (*)  Si se quiere llegar lejos, es preciso mirar muy alto. Sin mediocridad, ni miedo. El Espíritu empuja a la Iglesia misionera a ir sempre más allá. A todos.
Fuente: www.omp.es

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