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18 de abril de 2011

Recursos para Semana Santa

Comenzamos a transitar la Semana Santa y seguramente cada uno de nosotros buscará que estos días sean de recogimiento y reflexión. Es por ello que sugerimos que visiten la página www.iglesia.cl/especiales/semanasanta2011.-

12 de abril de 2011

Ejercicios Espirituales por Internet

Al sitio web se puede ingresar por dos direcciones: www.apuntesespirituales.com.ar (nombre mas cercano a aquellos con inquietudes espirituales) y www.artedeamar.com.ar (mas atractivo para quienes buscan simplemente mejorar como personas y crecer en el amor)

Según cuentan los Nace para cubrir distintos aspectos que creemos importantes:
  1. en casaPara que aquel que no conoce aún los Ejercicios Espirituales, tenga la posibilidad de poder probarlos y saborearlos. Una "prueba de degustación" en su casa.
  2. Para quienes lo están haciendo en la capilla y/o por internet, la posibilidad de tener un acompañamiento individual con la misma persona que se haya elegido durante todo el proceso.
  3. Aquellos que están haciendo los ejercicios presenciales en la capilla, tienen la posibilidad de volver a "aclimatarse" cada día con los videos de ambientación para su espacio de reflexión.
  4. Muchos matrimonios jóvenes que tienen realidades difíciles por las edades de sus hijos, han estado privados de asistir semanalmente. Con esta herramienta, pueden disfrutar los ejercicios sin salir de sus casas, en un horario que les sea accesible.
  5. Quienes no hayan podido continuar viniendo a las reuniones semanales en la capilla (por viajes, etc), tienen aquí una herramienta para poder seguirlos, estén donde estén.
  6. Aquellos que no residen en nuestra ciudad, en cualquier lugar del planeta donde se encuentren, pueden participar de esta experiencia que nos ayuda a cambiar nuestras vidas.
(Extraido de la Prentación de la web)

10 de abril de 2011

Ejercicios Espirituales por Internet

Dando vueltas por la red encontramos esta propuesta de ejercicios espirituales en línea, sin salir de nuestro lugar. Esto es posible gracias al sitio www.Ejerciciosive.com.ar donde se pueden realizar en línea en tres opciones de acuerdo a la disponibilidad de cada quien: 3, 5 o 30 días (este último para aquellos que no pueden ocuparle muchas horas al día), es decir podemos tomar los ejercicios espirituales ignacianos sin hacer a un lado nuestra vida cotidiana, en los casos de los 3 y 5 días son casi todo el día. 
Los links son www.ejerciciosive.com.ar

Para el registro:

13 de marzo de 2011

25 de febrero de 2011

Provocación Misionera. Dios de la Vida

Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que las autoridades judías después de detener a algunos de los seguidores de Jesús, por anunciar su resurrección, los dejaron el libertad con esta orden: “os prohibimos seguir anunciando esa forma de vida”.
El cristianismo no es una doctrina sino una vida. «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia», decía Jesús. La fe cristiana no es primordialmente un sistema religioso, un código moral, una tradición ritual, sino una experiencia vital. La historia de la fe cristiana es la historia de una experiencia que se va a transmitiendo de unas generaciones a otras. Algo que no podemos olvidar.

La revista Antena Misionera (Misioneros de la Consolata) nos trae mes a mes interesantes articulos para la formación e información de cada misionero. Es una revista de actualidad, todos los articulos estan digitalizados en www.antenamisionera.org.
Vamos a comenzar a difundir en nuestro blog, articulos de la sección PROVOCACIÓN MISIONERA....

El Dios de la Vida

Todo parte de un encuentro
Todo había comenzado cuando algunos discípulos y discípulas se ponen en contacto con Jesús y llegan a experimentar en Él algo que podemos resumir así: «la cercanía salvadora de Dios». Sin este encuentro todo hubiera seguido como antes.
Ha sido la experiencia de ese contacto con Jesucristo lo que ha transformado la vida de aquellos hombres y mujeres dando un sentido y una orientación nuevos a su existencia. Podemos decir que, ean contacto con Jesús, intuyen, captan y experimentan que Dios es «amigo de la vida» (Sab 11,26), un «misterio de amor» que quiere y hace posible una vida más digna y dichosa para todos.
Se sienten «salvados» y se entusiasman con la tarea de introducir y hacer presente en la historia de los hombres esa experiencia nueva de Dios, una experiencia transformadora, humanizadora, liberadora en la que Jesús soñaba cuando hablaba del «Reinado de Dios».
No es el momento de describir las vicisitudes por las que pasa esta experiencia de los primeros discípulos: las dudas, incertidumbres y malentendidos durante su convivencia con Jesús por los caminos de Galilea; la cobardía, debilidad y negación en el momento de la crucifixión; la intensidad y hondura de su encuentro decisivo con el Resucitado, cuando experimentan la «paz de Dios» y se sienten perdonados y restituidos de nuevo a la amistad con un Dios que ofrece su salvación incluso a quienes lo rechazan. Lo importante es destacar que el encuentro con Jesucristo transforma enteramente su existencia, rompe la imagen que tenían de Yahvé, del mundo, de la vida y de sí mismos. Se derrumba un «mundo viejo» y nace algo completamente nuevo. San Pablo lo experimenta así: «El que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo» (2 Cor 5,17).
¿Qué fue lo decisivo en esta experiencia con Jesús? ¿qué descubrían de especial en Él? Ciertamente, lo especial y decisivo no fueron los milagros: también otros hacían milagros en aquella sociedad (Cf Mt 12,27; Lc 11,19). Lo decisivo no fué tampoco la sabia doctrina que Jesús podía enseñar. Lo decisivo es Él, su persona, su vida entera, el misterio de un hombre que vive sanando, acogiendo, perdonando, liberando del mal, amando apasionadamente al ser humano por encima de toda ley religiosa o social, entregando su vida hasta la muerte, y sugiriendo a todos que Dios en su último misterio es así: amor insondable y sólo amor.

Comunicar la experiencia
Estos hombres y mujeres no pueden callar su experiencia. Necesitan comunicarla. Así lo afirman abiertamente Pedro y Juan ante el Sanedrín: «Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch. 4,20). La evangelización comienza como comunicación de la experiencia vivida con Cristo. Lo explica bien la primera Carta de Juan: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que han visto nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca de la Palabra, que es la vida... esto que hemos visto os lo anunciamos también a vosotros para que también vosotros lo compartáis con nosotros; y nuestro compartir lo es con el Padre y con su Hijo Jesús, el Cristo» (1 Jn 1, 1-3).
Los primeros discípulos comunican su experiencia siguiendo tres caminos inseparables y complementarios: anuncian la noticia increíble de un Dios que sólo es Amor gratuito e inmerecido a todo ser humano; introducen un estilo de vida marcado por el mandato nuevo del amor; celebran con gozo la salvación que nos ofrece en Cristo el Dios de la vida.
Inevitablemente, el paso del tiempo irá cambiando las cosas. Pronto su mensaje vendrá fijado por escrito, nacerán primero las Escrituras cristianas (Nuevo Testamento) y más tarde toda la tradición de los Padres y la doctrina elaborada por los teólogos. Pronto el espíritu que animaba su nuevo estilo de vida quedará también recogido en pautas de comportamiento que darán más tarde origen al desarrollo de la doctrina moral. También la celebración de la experiencia vivida con Cristo irá cristalizando en una liturgia regulada por una normativa ritual. De esta forma, lo que para los primeros creyentes fue una experiencia viva, para nosotros es hoy texto escrito, tradición doctrinal, sistema moral, liturgia ritual.
Esta situación en la que nos encontramos hoy los cristianos no nos ha de hacer olvidar que la fe cristiana no es en primer lugar ni fundamentalmente una doctrina que se ha de aceptar, ni un código moral que se ha de cumplir, ni unas prácticas religiosas que se han de observar. Antes que nada, la fe cristiana es una experiencia que ha de ser vivida, ofrecida y comunicada como Buena Noticia de Dios. Por eso, evangelizar no significa, en primer lugar, transmitir una doctrina, exigir una moral o urgir una práctica ritual, sino evocar, comunicar, suscitar y ayudar a vivir la experiencia original del encuentro con Jesucristo.

Nuestro problema

La historia de la fe cristiana es, por tanto, la historia de una experiencia que se transmite y se contagia de unas generaciones a otras. En esta historia de salvación entramos cada uno haciendo nuestra propia experiencia de la «gracia de Cristo», reactualizando en nosotros la experiencia de fondo que vivieron los primeros discípulos y seguidores.
Si no se produce la renovación continua de esta experiencia, se introduce en el cristianismo una ruptura trágica. Los teólogos siguen desarrollando la doctrina; los predicadores y catequistas siguen exponiendo el contenido de la fe; los pastores se preocupan de recordar y de urgir la moral cristiana; en las comunidades se «administran» los sacramentos y se cuida la observancia de las prácticas religiosas. Pero si queda interrumpida la comunicación de la experiencia, falta lo esencial, lo único que da vida a la fe cristiana...JES




1 de diciembre de 2010

Salió el sembrador. Meditación bíblico-pastoral para tiempos de Misión

“SALIÓ EL SEMBRADOR A SEMBRAR…”
                                       (Por Primo Corbelli SCJ)
El sembrador sale; deja la casa, deja la parroquia, lo seguro, lo conocido y sale a sembrar. Su trabajo no consiste en cosechar sino en sembrar. Practica el “vayan” y no el “vengan”. Es hombre de esperanza y por eso interpela a los extraños y se aventura por caminos desconocidos. Su tarea no consiste en clasificar los diferentes tipos de terreno, en trazar el mapa de las posibilidades. Hay que poner a prueba todos los terrenos, correr el riesgo de sembrar la Palabra de Dios en todas partes.


Puede ser la visita a una familia, un encuentro en la calle, una reunión en la cooperativa o en la junta vecinal, en la cola del almacén, una demostración política, un fallecimiento, una enfermedad, un bautismo. Se trata sólo de caminar por la calle con los ojos y los oídos atentos aprovechando las ocasiones, cultivando las amistades, descubriendo el dolor escondido y siendo disponibles. Para los que no son pastores, todas las ovejas parecen idénticas; el buen pastor por el contrario las identifica, las conoce una por una y las visita. Tampoco el misionero puede decir: “No puedo, “No tengo tiempo”, “No soy capaz”; porque es enviado por Jesús, que le asegura su cercanía (Mt 28,20). Jesús comía en las casas de la gente, recorría los barrios y se hacía encontrar por todos. Su actividad está hecha de constantes interrupciones; y no aparenta tener prisa. Es un trabajo, el de la evangelización, que hoy en día no hay que achacarle solo al cura. A este ya la gente no sabe cómo encontrarlo en la parroquia, porque los compromisos lo superan.

20 de noviembre de 2010

Cruz Dehoniana


Símbolo de la congregación de los padres del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos), la cruz dehoniana expresa la espiritualidad dejada por el Padre Dehon: El amor y la reparación.
En el caso que conozcas a nuestros padres, hermanos y seminaristas, ya los abras visto llevando esta cruz en el pecho, la misma cruz a servido para motivo de pancartas, tapas de revistas y tarjetas vocacionales. Todo esto porque esa cruz tiene un significado muy grande para nosotros los Dehonianos.
La cruz por si sola es un símbolo de la entrega de Cristo por nosotros. El amor, visiblemente expresado también en el símbolo del corazón, es la presencia viva de Cristo resucitado en la Eucaristía, entendida como una actitud de proximidad adorable. El corazón de Cristo se da y se revela plenamente sobre la cruz, entregándose como ofrenda victimal para la liberación y salvación de los pecadores, una entrega de amor sin medidas, ofrenda de vida para que tengamos más vida, en la cruz, vemos el corazón de Dios, un Dios que ama tanto a la humanidad al extremo de dar su vida. Es esto lo que queremos decir con la cruz Dehoniana.
Al decir “corazón” se sobrentiende las actitudes interiores e inmutables, que proyectan el rostro de Dios en el rostro de Cristo, unido, por el don de la gracia y el esfuerzo de imitarlo, es nuestra configuración a las actitudes de Cristo. El corazón de Jesús, símbolo profundamente evocativo, nos lleva al centro de nuestra fe: Dios que es amor. Un amor que se revela y se dona en el amor redentor de Cristo, ofreciendo y suscitando, en quien lo acoge, una vida nueva en la caridad, una vida que se torna posible por el don de un corazón nuevo.
Observemos un detalle. Es un corazón sin fondo: no está diseñado sobre la cruz. La cruz aparece como una forma. Es justamente en eso que encontramos otro gran significado en nuestra cruz. Una vez que ella tiene una configuración de una forma, nada más simple que entender que cada uno debe colocar allí su corazón. Es por esto que somos religiosos del corazón de Jesús. Debemos tener un corazón igual al de él. Igual en la forma de tratar a las personas, en el amor de tratar a las personas, en el amor por las cosas del padre y por el reino. Es encima de todo, igual a su Donación total, como cuando se entregó en la cruz.
Claro que esta cruz no sirve solamente para nosotros, es de toda la iglesia y de todos los cristianos. Nosotros los dehonianos nos identificamos con ella, pero vos también podes identificarte y usarla. Existen muchos jóvenes, laicos y laicas que la llevan a todas parte. Tanto se identifican con nuestro modo de ser y de vivir que se hacen laicos y laicas dehonianas. Mas sobre eso hablaremos otro día.
Como lo podrás ver, entre nosotros es así. Traemos en el pecho una cruz en forma de corazón. Es para que nunca nos olvidemos de modelar nuestro corazón al corazón de Jesús.
Extraido de http://portalscjbrasil.blogspot.com/2006/05/cruz-dehoniana.html (Gracias Cesar por la traducción)

24 de agosto de 2010

Ser Dehoniano es .....

Publicamos ahora una serie de imagenes que retratan aspectos de nuestra espiritualidad, han sido elaboradas por nuestros hermanos de la provincia española.-

9 de noviembre de 2009

UNA HORMIGA…

¡Una hormiga me llevó a orar!




El otro día vi una hormiga que cargaba una enorme hoja. La hormiga era pequeña y la hoja debía tener como mínimo, diez veces el tamaño de ella. La hormiga cargaba con sacrificio, y arrastraba, y tenía la hoja sobre su cabeza. Cuando el viento soplaba, la hoja se tumbaba, haciendo caer a la hormiga también. Fueron muchos los tropiezos mas no por eso la hormiga se desanimó de su tarea. Yo la observé y la acompañé hasta que llegó próxima a un hueco que debía ser la puerta de su casa. Fue ahí cuando pensé - acá ella termina su trabajo. Ilusión la mía. La verdad, apenas había terminado una etapa. La hoja era mucho mayor que la boca del hueco lo cual hizo que la hormiga la dejase del lado de afuera y poder entrar solita. Fue ahí que dije para mí: -"tanto sacrificio para nada"- Recordé un dicho popular:

"Nado, nado y murió en la playa"

Más la pequeña hormiga me sorprendió del agujero salieron otras hormigas, que comenzaron a cortar la hoja en pequeños pedazos. Ellas parecían alegres por la tarea; en poco tiempo, la gran hoja había desaparecido, Dando lugar a pequeños trozos que ellas llevaron para dentro del agujero. Inmediatamente pensé en mis propias experiencias. Cuantas veces me desanimé delante del tamaño de las tareas o de las dificultades?

Tal vez, si la hormiga hubiera mirado el tamaño de la hoja, no la habría recogido. Envidie su persistencia y su fuerza. Naturalmente, transformé mi reflexión en oración y le pedí al Señor -Que me diese la tenacidad de aquella hormiga, para "cargar" las dificultades del día a día., que me diese la perseverancia de la hormiga, para no desanimarme ante las caídas. Que yo pudiese tener la inteligencia, la sabiduría de ella, para dividir en pedazos el fardo que, a veces se presenta grande de más. Que yo tuviese la humildad para participar con otros el éxito de la llegada. Pedí al Señor la gracia de, como aquella hormiga, No desistir de la caminata aunque los vientos sean contrarios, y hacen dar vuelta la cabeza para bajo; lo mismo que cuando, por el tamaño de la carga no consiga ver con nitidez el camino a recorrer. La alegría de los hijos que, probablemente, esperaban allá adentro por el alimento, como la hormiga, haz que pueda olvidar y superar las adversidades de la entrada. Después del encuentro con aquella hormiga salí mas fortalecido en mi caminata.

Agradecí al Señor por haber colocado aquella hormiga en mi camino o por haberme hecho pasar por el camino de ella. Los sueños no mueren, apenas adormecen el alma de la gente.

22 de octubre de 2009

MENSAJE DE DIOS ...

16 de octubre de 2009

Huellas en la Arena

15 de octubre de 2009

Orar. Una Aventura Apasionante!!!

¡ORAR, una aventura apasionante...!

Nos vamos a encontrar con siete palabras esenciales. Ahora queremos apenas despertarlas, decir que están aquí y que nos desafían a entrar por ella. Serán puntos de referencias para la oración. Vamos a ellas.

La primera palabra es CONVERSIÓN. Quien se decida a orar, quien quiera emprender este arduo camino tiene que romper con el pecado, tiene que orientar su vida a Dios. La oración es un encuentro de amistad. El pecado es desorientación de la vida a Dios. Con el pecado en el corazón es imposible encontrar a Dios.

La segunda palabra es SOLEDAD. La oración exige una experiencia de soledad. Se necesita parar. Es preciso entrar en desierto, dedicar tiempos fuertes a la lectura, a la escucha, a la meditación, a la contemplación. Quedarse a solas con Dios para hacer intimidad. Pararse en una sociedad de barullo, de prisas, es una prueba desafiadora.

La tercer palabra es SILENCIO. Sólo desde el silencio ambiental, mental, afectivo y corporal, somos capaces de llegar a Dios. La soledad será forjadora del silencio. En el silencio descubriremos los ruidos de nuestro interior. Un desafío arduo: hacer silencio en el interior, liberarnos de los ruidos, quedarse vacío para que Dios nos llene.

La cuarta Palabra es la PALABRA DE DIOS. En la soledad, en el silencio, el hombre tiene un lugar de encuentro con Dios: la Palabra que le despierta el corazón. Palabra que le va cambiando de mentalidad. Palabra que le pone en contacto con el Dios manifestado en Jesús. Palabra que será el soporte y vida en la oración. Palabra que le llenara paso a paso el corazón, porque el corazón esta hecho para la Palabra y la Palabra para el corazón.

La quinta es palabra es ESPIRITU SANTO. El Espíritu conduce a la soledad, al desierto, donde habla el corazón. El Espíritu es el silencio activo de Dios en el corazón del creyente. Sólo desde el silencio y a la luz de la Palabra llegamos a su clamor. El Espíritu actúa en el corazón por la Palabra que es la espada del Espíritu. El Espíritu es el que nos ora, el que nos reza, el que nos clama: Abba, Padre. Somos poseídos por el Espíritu que en el Bautismo nos fue dado. El es quien nos identifica con Jesús para que nosotros digamos a Dios: Padre. El es quien levanta en nuestro corazón, con Jesús, el ¡Abba, Padre!!!

La sexta palabra es CORAZÓN. En la oración tenemos que entrar dentro de nosotros. Hacer peregrinación al interior, al fondo, a lo hondo y profundo de la persona, al corazón. Y desde nuestro corazón, donde existe la verdad de nuestra vida, orar. Orar desde el corazón es orar con nuestras limitaciones y libertades. Orar con el corazón es orar desde el barro.

Por fin la séptima palabra es VIDA. Porque oración que no esta enraizada en la vida nos es oración. Oración que no ora la existencia no es oración. La vida es el clima orante. Una vida que es asumida, que nos lleva a buscarla, en compromiso serio, en camino de libertad. La vida es el mundo, la sociedad, los hombres, los acontecimientos, los marginados, el cosmos. La vida es el hombre encarnado, como Jesús, en acción salvadora. La oración que no conduce a la vida no es oración.

ORAR es una aventura apasionante en la fe . Aventura de búsqueda. De orientar la vida, de entrar en la soledad y hacer silencio , de acoger la palabra y dejarse llevar por el Espíritu. Aventura de cambiar el corazón de uno mismo y el del mundo.

Preguntas para la reflexión.

1. Mi experiencia de Oración: ¿Cómo es?, ¿Son verdaderos encuentros con Dios?, ¿Invoco al Espíritu Santo para que pueda escuchar al Padre?

2. ¿Mi oración esta incrustada en mi vida?, ¿Hago de mi vida una oración, viviendo los valores
cristianos?

3. ¿Qué traje a este retiro: mis miedos, mis limitaciones, mis alegrías, mis anhelos?, ¿Estoy
dispuesto a dedicar estos días a escuchar la Palabra de Dios?

Fuente: www.lawebmisionera.com.ar

9 de octubre de 2009

Para Pensar

Era un día lluvioso y gris. El mundo pasaba a mi alrededor a gran velocidad. Cuando de pronto, todo se detuvo. Allí estaba, frente a mí: una niña apenas cubierta con un vestidito todo rotoso que era más agujeros que tela. Allí estaba, con sus cabellitos mojados, y el agua chorreándole por la cara. Allí estaba, tiritando de frío y de hambre. Allí estaba, en medio de un mundo gris y frío, sola y hambrienta. Me encolericé y le reclamé a Dios. "¿Cómo es posible Señor, que habiendo tanta gente que vive en la opulencia, permitas que esta niña sufra hambre y frío? ¿Cómo es posible que te quedes ahí tan tranquilo, impávido ante tanta injusticia, sin hacer nada?" Luego de un silencio que me pareció interminable, sentí la voz de Dios que me contestaba: "¡Claro que he hecho algo! ¡Te hice a ti!"

21 de septiembre de 2009

Retiro Misionero

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El día Viernes 11, aprovenchado el feriado, decidimos tomarnos un día para compartir junto a Jesús una jornada de oración y reflexión. También de paso aprovechamos para planificar y coordinar las actividades que tenemos por delante.
Llegamos un poquito tarde (9 de la Mañana) porque el chofer se durmio, pero bueno... Durante la mañana cada uno realizó un momento de oración personal que culmino con la Celebración de la Santa Misa a cargo del padre Germán a eso de las 13 hs. (También se olvido de nosotros, jeje). Por la tarde despues del almuerzo organizamos las actividades. Una jornada muy linda acompañada de un hermoso paisaje.

17 de septiembre de 2009

Encuentro Juvenil de Oración

Desde este viernes 18 de Septiembre algunos integrantes de la Comunidad Misionera vamos a estar animando un momento de Adoración, comenzamos a partir de las 21:30 hs. en el templo parroquial.
La invitación está abierta para todos aquellos que quieran participar de este encuentro con Jesús Sacramentado.

Por ahora la espectativa es poder ralizar una jornada por mes, por eso también tenemos fijada fecha para el próximo mes, será el día 9 de Octubre.



7 de septiembre de 2009

Mensaje del Papa para la Jornada Mundial de las Misiones

LAS NACIONES CAMINARÁN A SU LUZ (Ap. 21,21)




En este domingo dedicado a las misiones, me dirijo ante todo a vosotros, Hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, y también a vosotros, hermanos y hermanas de todo el Pueblo de Dios, para exhortar a cada uno a reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,1

9), siguiendo los pasos de San Pablo, el Apóstol de las Gentes.



“Las naciones caminarán a su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es, en efecto, iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.



En esta perspectiva los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2).

1. Todos los pueblos, llamados a la salvación


La humanidad entera tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad.
El nuevo inicio ya comenzó con la resurrección y exaltación de Cristo, que atrae a sí todas las cosas, las renueva, las hace partícipes del eterno gozo de Dios. El futuro de la nueva creación brilla ya en nuestro mundo y enciende, aunque en medio de contradicciones y sufrimientos, la esperanza de una vida nueva. La misión de la Iglesia es la de “contagiar” de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. Solo dentro de dicha misión se comprende y autentifica el verdadero camino histórico de la humanidad. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.

2. Iglesia peregrina


La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio ante pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo” (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio al que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.

3. “Missio ad gentes”


De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las Gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto, “la promesa es para todos aquellos que son lejanos, para cuantos llamará el Señor nuestro Dios” (Hch 2,39).
La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo no se realice plenamente: “Al presente no vemos que todas las cosas estén sometidas a Él” (Hb 2,8).

4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio


En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su “Nombre”. Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II: “La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema” (Novo millennio ineunte, 41).
La participación en la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.
A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.
A las Obras Misionales Pontificias dirijo mi agradecimiento y mi aliento por el indispensable trabajo de animación, formación misionera y ayuda económica que aseguran a las jóvenes Iglesias. A través de estas instituciones pontificias se realiza en modo admirable la comunión entre las Iglesias, con el intercambio de dones, en la solicitud mutua y en la común proyección misionera.

5. Conclusión


El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que, incluso antes de ser acción, es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptoris missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.
Al mismo tiempo, invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.
Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo a Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación “hasta los extremos de la tierra” (Hch 13,47).
A todos mi Bendición.


Benedicto XVI,Vaticano 29 de junio de 2009

27 de agosto de 2009

Frases Misioneras. Documento de Aparecida

APARECIDA – V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. (2007)

“Queremos expresar la alegría de ser discípulos del Señor y de haber sido enviados con el tesoro del Evangelio”. (Aparecida 28)

“La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio”. (Aparecida 29)

“La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios”. (Aparecida 29)

“Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”. (Aparecida 29)

“Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras”. (Aparecida 30)

“ La Iglesia debe cumplir su misión siguiendo los pasos de Jesús y adoptando sus actitudes”. (Aparecida 31)

“En la generosidad de los misioneros se manifiesta la generosidad de Dios, en la gratuidad de los apóstoles aparece la gratuidad del Evangelio”. (Aparecida 31)

“Nos sentimos interpelados a discernir los ‘signos de los tiempos', a la luz del Espíritu Santo, para ponernos al servicio del Reino, anunciado por Jesús, que vino para que todos tengan vida y “para que la tengan en plenitud”. (Aparecida 33)

“Necesitamos hacernos discípulos dóciles, para aprender de Él, en su seguimiento, la dignidad y plenitud de la vida”. (Aparecida 41)

“Los discípulos de Jesús confesamos nuestra fe con las palabras de Pedro: ‘Tus palabras dan Vida eterna'; ‘Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo'”. (Aparecida 101)

“Los discípulos de Jesús reconocemos que Él es el primer y más grande evangelizador enviado por Dios”. (Aparecida 103)

“Con la alegría de la fe, somos misioneros para proclamar el Evangelio de Jesucristo y, en Él, la buena nueva de la dignidad humana, de la vida, de la familia, del trabajo, de la ciencia y de la solidaridad con la creación. (Aparecida 103)

“Es propio del discípulo de Cristo gastar su vida como sal de la tierra y luz del mundo”. (Aparecida 110

“El discípulo y el misionero promueve la dignidad del trabajador y del trabajo, el justo reconocimiento de sus derechos y de sus deberes, y desarrollan la cultura del trabajo y denuncian toda injusticia”. (Aparecida 121)

“El discípulo misionero, a quien Dios le encargó la creación, debe contemplarla, cuidarla y utilizarla, respetando siempre el orden que le dio el Creador”. (Aparecida 125)

“El discípulo experimenta que la vinculación íntima con Jesús en el grupo de los suyos es participación de la Vida salida de las entrañas del Padre, es formarse para asumir su mismo estilo de vida y sus mismas motivaciones, correr su misma suerte y hacerse cargo de su misión de hacer nuevas todas las cosas”. (Aparecida 131)

“Como discípulos y misioneros, estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad”. (Aparecida 134)

“En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida”. (Aparecida 139)

“Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida”. (Aparecida 140)

“Todo discípulo es misionero, pues Jesús lo hace partícipe de su misión, al mismo tiempo que lo vincula a Él como amigo y hermano”. (Aparecida 144)

“La misión no se limita a un programa o proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo”. (Aparecida 145)

“Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva”. (Aparecida 146)

“El discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro”. (Aparecida 146)

“El discípulo misionero ha de ser un hombre o una mujer que hace visible el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y pecadores”. (Aparecida 147)

“El Espíritu en la Iglesia forja misioneros decididos y valientes como Pedro y Pablo, señala los lugares que deben ser evangelizados y elige a quiénes deben hacerlo”. (Aparecida 150)

“El Señor sigue derramando hoy su Vida por la labor de la Iglesia que, con la fuerza del Espíritu Santo enviado desde el cielo, continúa la misión que Jesucristo recibió de su Padre”. (Aparecida 151)

“Esta es la razón por la cual los seguidores de Jesús deben dejarse guiar constantemente por el Espíritu, y hacer propia la pasión por el Padre y el Reino: anunciar la Buena Nueva a los pobres, curar a los enfermos, consolar a los tristes, liberar a los cautivos y anunciar a todos el año de gracia del Señor”. (Aparecida 152)

“El encuentro de los discípulos con Jesús en la intimidad es indispensable para alimentar la vida comunitaria y la actividad misionera”. (Aparecida 154)

“La comunión y la misión están profundamente unidas entre sí… La comunión es misionera y la misión es para la comunión”. (Aparecida 163)

“El discipulado y la misión siempre suponen la pertenencia a una comunidad. Dios no quiso salvarnos aisladamente, sino formando un Pueblo”. (Aparecida 164)

“La maduración en el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que la Iglesia particular se renueve constantemente en su vida y ardor misionero”. (Aparecida 167)

“El discípulo hace la experiencia del encuentro con Jesucristo vivo, madura su vocación cristiana, descubre la riqueza y la gracia de ser misionero y anuncia la Palabra con alegría”. (Aparecida 167)

“El Espíritu Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés”. (Aparecida 171)

“Estamos llamados a ser maestros de la fe y, por tanto, a anunciar la Buena Nueva , que es fuente de esperanza para todos”. (Aparecida 187)

“El diálogo interreligioso se fundamenta justamente en la misión que Cristo nos confió, solicitando la sabia articulación entre el anuncio y el diálogo como elementos constitutivos de la evangelización”. (Aparecida 237)

“El anuncio y el diálogo, son elementos constitutivos de la evangelización”. (Aparecida 237)

“Hemos de fundamentar nuestro compromiso misionero y toda nuestra vida en la roca de la Palabra de Dios”. (Aparecida 247)

“Los discípulos de Jesús anhelan nutrirse con el Pan de la Palabra : quieren acceder a la interpretación adecuada de los textos bíblicos, a emplearlos como mediación de diálogo con Jesucristo, y a que sean alma de la propia evangelización y del anuncio de Jesús a todos”. (Aparecida 248)

“La oración diaria es un signo del primado de la gracia en el itinerario del discípulo misionero. Por eso, “es necesario aprender a orar, volviendo siempre de nuevo a aprender este arte de los labios del Maestro”. (Aparecida 255)

“La piedad popular es una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia y una forma de ser misioneros”. (Aparecida 264 )

“María es la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros. Ella, así como dio a luz al Salvador del mundo, trajo el Evangelio a nuestra América”. (Aparecida 269 )

“Son incontables las comunidades que han encontrado en María la inspiración más cercana para aprender cómo ser discípulos y misioneros de Jesús”. (Aparecida 269 )

“El discípulo es alguien apasionado por Cristo, a quien reconoce como el maestro que lo conduce y acompaña”. (Aparecida 277)

“El discípulo participa en la vida de la Iglesia y en el encuentro con los hermanos, viviendo el amor de Cristo en la vida fraterna solidaria”. (Aparecida 278)

“El discípulo, a medida que conoce y ama a su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir al mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado, a hacer realidad el amor y el servicio en la persona de los más necesitados, en una palabra, a construir el Reino de Dios”. (Aparecida 278)

“El anuncio se fundamenta en el hecho de la presencia de Cristo Resucitado hoy en la Iglesia , y es el factor imprescindible del proceso de formación de discípulos y misioneros”. (Aparecida 279)

“Un auténtico camino cristiano llena de alegría y esperanza el corazón y mueve al creyente a anunciar a Cristo de manera constante en su vida y en su ambiente”. (Aparecida 280)

“El discípulo y misionero, movido por el impulso y el ardor que proviene del Espíritu, aprende a expresarlo en el trabajo, en el diálogo, en el servicio, en la misión cotidiana”. (Aparecida 284 )

“La vida en el Espíritu nos convierte en personas generosas y creativas, felices en el anuncio y el servicio misionero”. (Aparecida 285 )

“Ser discípulo es un don destinado a crecer. La iniciación cristiana da la posibilidad de un aprendizaje gradual en el conocimiento, amor y seguimiento de Jesucristo”. (Aparecida 291)

“ La Familia ofrece a los hijos un sentido cristiano de existencia y los acompaña en la elaboración de su proyecto de vida, como discípulos misioneros”. (Aparecida 302 )

“ La Iglesia peregrinante es misionera por naturaleza, porque toma su origen de la misión del Hijo y del Espíritu Santo, según el designio del Padre. Por eso, el impulso misionero es fruto necesario de la vida que la Trinidad comunica a los discípulos”. (Aparecida 347)

“Los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás”. (Aparecida 360)

“La vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros. Eso es en definitiva la misión”. (Aparecida 360)

“Queremos ser continuadores de su misión, ya que ésta es la razón de ser de la Iglesia y que define su identidad más profunda”. (Aparecida 373)

“Los verdaderos destinatarios de la actividad misionera del pueblo de Dios no son sólo los pueblos no cristianos y las tierras lejanas, sino también los ámbitos socioculturales y, sobre todo, los corazones”. (Aparecida 375)

“Estamos dispuestos con la valentía que nos da el Espíritu, a anunciar a Cristo donde no es aceptado, con nuestra vida, con nuestra acción, con nuestra profesión de fe y con su Palabra". (Aparecida 377)

“Nuestra capacidad de compartir nuestros dones espirituales, humanos y materiales, con otras Iglesias, confirmará la autenticidad de nuestra nueva apertura misionera”. (Aparecida 379)

“La fe se fortifica dándola y es preciso que entremos en nuestro continente en una nueva primavera de la misión ad gentes”. (Aparecida 379)

“La voz del Señor nos sigue llamando como discípulos misioneros y nos interpela a orientar toda nuestra vida desde la realidad transformadora del Reino de Dios que se hace presente en Jesús”. (Aparecida 382)

“Ser discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos, en Él, tengan vida, nos lleva a asumir evangélicamente y desde la perspectiva del Reino las tareas prioritarias que contribuyen a la dignificación de todo ser humano, y a trabajar junto con los demás ciudadanos e instituciones en bien del ser humano”. (Aparecida 384)

“ La Iglesia tiene, como misión propia y específica, comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra , administrando los Sacramentos y practicando la caridad”. (Aparecida 386)

“Los discípulos misioneros de Jesucristo tenemos la tarea prioritaria de dar testimonio del amor a Dios y al prójimo con obras concretas”. (Aparecida 386)

“Nos urge la misión de entregar a nuestros pueblos la vida plena y feliz que Jesús nos trae, para que cada persona humana viva de acuerdo con la dignidad que Dios le ha dado”. (Aparecida 389)

“Nuestra fidelidad al Evangelio nos exige proclamar en todos los areópagos públicos y privados del mundo de hoy, y desde todas las instancias de la vida y misión de la Iglesia , la verdad sobre el ser humano y la dignidad de toda persona humana”. (Aparecida 390)

“Los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”. (Aparecida 393)

“Día a día, los pobres se hacen sujetos de la evangelización y de la promoción humana integral”. (Aparecida 398)

“Todo proceso evangelizador implica la promoción humana y la auténtica liberación, sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”. (Aparecida 399)

“Para la Iglesia , el servicio de la caridad, igual que el anuncio de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, es expresión irrenunciable de la propia esencia”. (Aparecida 399)

“La opción preferencial por los pobres nos impulsa, como discípulos y misioneros de Jesús, a buscar caminos nuevos y creativos, a fin de responder otros efectos de la pobreza”. (Aparecida 409 )

“Como discípulos misioneros, las nuevas generaciones están llamadas a transmitir a sus hermanos jóvenes sin distinción alguna, la corriente de vida que viene de Cristo, y a compartirla en comunidad construyendo la Iglesia y la sociedad”. (Aparecida 443 )

“Los discípulos y misioneros de Cristo deben iluminar con la luz del Evangelio todos los ámbitos de la vida social”. (Aparecida 501 )

“Como discípulos y misioneros al servicio de la vida, acompañamos a los pueblos indígenas y originarios en el fortalecimiento de sus identidades y organizaciones propias, la defensa del territorio, una educación intercultural bilingüe y la defensa de sus derechos”. (Aparecida 530)

“Los discípulos y misioneros de Cristo promueven una cultura del compartir en todos los niveles, en contraposición de la cultura dominante de acumulación egoísta”. (Aparecida 540)

“Una auténtica evangelización de nuestros pueblos implica asumir plenamente la radicalidad del amor cristiano, que se concreta en el seguimiento de Cristo en la Cruz ; en el padecer por Cristo a causa de la justicia; en el perdón y amor a los enemigos”. (Aparecida 543)

“¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de ‘sentido', de verdad y amor, de alegría y de esperanza!”. (Aparecida 548 )

“Urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia”. (Aparecida 548 )

“Somos testigos y misioneros: en las grandes ciudades y campos, en las montañas y selvas de nuestra América, en todos los ambientes de la convivencia social, en los más diversos “areópagos” de la vida pública de las naciones, en las situaciones extremas de la existencia, asumiendo ad gentes nuestra solicitud por la misión universal de la Iglesia ”. (Aparecida 548)

“Estamos cansados del camino, pero Tú nos confortas en la fracción del pan para anunciar a nuestros hermanos que en verdad Tú has resucitado y que nos has dado la misión de ser testigos de tu resurrección”. (Aparecida 554)

Fuente: www.svdargentina.org.ar

13 de agosto de 2009

PAN DE CADA DÍA. Reflexión 3

Reflexión 03: Intención recta en todas las cosas: ¿Dónde están los placeres y satisfacciones que disfrutaste el año pasado? Idos y olvidados. Si me hicieron peor, encontraré la muerte y el juicio dentro de bien pronto. ¿Por qué no me esfuerzo por valorar las cosas de acuerdo con la manera de ver las cosas de Dios?