14 de marzo de 2011

14 de Marzo. Nacimiento del P. Dehón. Carta del Superior General

Roma, 25 de febrero de 2011
Queridos todos:
Celebrar el nacimiento de una persona estimada y venerada es reconocer que su existencia es para nosotros un don de Dios. El 14 de marzo, día del nacimiento del P. Dehon, merece ser celebrado con acción de gracias y con la plegaria por nuevas vocaciones, religiosas y laicales, que puedan llevar hacia delante el camino que nos ha transmitido. La fecha es también una buena ocasión para conocer mejor su rica personalidad y la profunda experiencia de fe de nuestro Fundador.
Este año invitamos a la Familia Dehoniana a repensar de nuevo, un aspecto fundamental del carisma dehoniano, con la ayuda de una entrevista preparada por el P. Stefano Tertünte (GE), a quien se lo hemos pedido y agradecemos cordialmente. Sobre el argumento, queremos recordar lo que el P. Dehon había escrito en 1910:”He sido guiado por la Providencia para abrir diversos surcos, pero dos dejarán, sobre todo, una huella profunda: la acción social cristiana y la vida de amor, de reparación e inmolación al Sagrado Corazón de Jesús. Mis libros, traducidos en varias lenguas, hacen llegar a todas partes esta doble corriente que brota del Corazón de Jesús. ¡Gracias a Dios!” (NQT XXV/1910, 33)
 
Gracias a Dios, decimos también nosotros, por el nacimiento del P. Dehon, por su vocación y misión. Y damos gracias al Señor por la gracia de poder ser discípulos de un maestro y pastor “que siempre ha estado atento para estar presente entre los hombres de su tiempo, sobre todo entre los más pobres, entre los que carecían de recursos, de razones para seguir viviendo, sin esperanza alguna”.
Gracias también por la Iglesia, que continúa a proponer en formas nuevas su misión, como hace 40 años, como se decía en el Sínodo de los Obispos en 1971: “El trabajar por la justicia y el participar en la transformación del mundo, se nos aparece claramente como la dimensión constitutiva del Evangelio”(Justicia en el mundo, 6).
Reverendo P. Dehon, dentro de poco, celebraremos su 168 aniversario de su nacimiento. Acaso sería un buen momento para considerar desde una cierta distancia, algunos temas que a usted, como Fundador, le eran muy presentes en su tiempo.
Querido hermano, mis años no me permiten ya largas entrevistas, si fuera tan amable como para limitarse a algunos temas centrales… se lo agradecería.
Comencemos, pues, con una pregunta muy sencilla: ¿Qué año ha sido para Ud. como Fundador de una Congregación, el más difícil?
Debes saber que, como Fundador de una congregación religiosa, estaba continuamente confrontado a tantos problemas: la salvaguardia de la independencia de la Congregación de frente a la Diócesis, era una lucha continua; los problemas económicos me han acompañado hasta el fina de mi vida, el reconocimiento por parte de Roma era extremadamente difícil, la calidad de los nuevos cohermanos dejaba mucho que desear. Todos estos son problemas que forman parte de una nueva Congregación –creo que los habíamos resuelto y afrontado todos bien. Pero la confrontación acerca de la dirección y el perfil que había que dar a la Congregación, fueron causa de desilusiones y tuvieron sus consecuencias. En este sentido 1897, fue el año más difícil.
Pero¡el 1897 también fue un año grande para Ud! Las conferencias de Roma sobre la visión cristiana de la sociedad, que han tenido un eco hasta en Francia; su empeño por la Democracia cristiana y por la aceptación por parte de los católicos franceses, en congresos, artículos y muchos encuentros con exponentes del catolicismo francés; su elección para el consejo nacional de la Democracia Cristiana, el congreso de Lyon; la publicación de sus libros Nos Congrés e Les Directions Pontificales…
Sí, sí todo esto es verdad. Pero Ud. me ha preguntado por un año difícil, como fundador de una congregación. Está claro que se puede decir que 1897 ha sido un año, para mí, rico de éxitos. Me he encontrado efectivamente a mi gusto. Como fundador era mi deseo que la congregación participara, y se empeñase más intensamente en los desafíos actuales, referentes al campo social, a la sociedad en su conjunto. La pastoral de los obreros, alrededor de la figura del P. Charcosset a Val-des-Bois, formaba parte de nuestras primeras actividades, y el P. Rasset, se ha ocupado por muchos años en San Quintín de los jóvenes obreros, En 1891, es más, he dirigido una carta al Papa León XIII y lo he informado del proyecto que la nueva Congregación tenía de la preparación y formación, ante todo, de cohermanos destinados al apostolado específico en las grandes fábricas y barriadas obreras, y que debían seguir su formación tanto en la universidad como en las fábricas de Val-des-Bois.
Todavía en 1895 conversando con el Papa he habado de la Congregación, de una Congregación que tenía como prioridad el anuncio en el campo social, el apostolado de los obreros y la Misión. Pero, no mucho más tarde, en 1897, he podido constatar que la mayor parte de nuestros cohermanos non compartía esta impostación y, puede, que no podían ni siquiera condividirla.
Resistencias contra Ud. como Superior General ya se habían manifestado antes, al principio de los años 90, por ejemplo.
Sí, es verdad. Ya en el capítulo general de 1893, algunos cohermanos han intentado no reelegirme como superior general. Entonces me echaban en cara un gobierno defectuoso de la Congregación. Por poco no lograron su intento, pero las tensiones dentro de la Congregación permanecieron. En 1897 hubo otra tentativa de escisión que no salió adelante. Pero esta vez quedó evidente que no se trataba de la calidad de mi gobierno. Estaba claro que se trataba sobre el perfil de nuestra Congregación, se puede decir, sobre nuestro carisma.
¿Piensa Ud. en la carta del P. Blancal y de otros cinco cohermanos?
Exacto. En realidad era más un manifiesto que una carta. En el fondo era un escrito muy honesto en el que se ponía toda la carne el asador, los problemas. Para los autores estaba en juego la pregunta sobre la verdadera vocación de nuestra Congregación. Habían ingresado en una comunidad que, a su parecer, estaba consagrada sobre todo a la santificación personal mediante una devoción al Corazón de Jesús, en el sentido de la reparación por las numerosas ingratitudes, sobre todo de los sacerdotes y religiosos hacia el Amor divino. Con respecto al apostolado se privilegiaba la adoración eucarística perpetua, las misiones en las comunidades parroquiales y los ejercicios espirituales. Todo lo demás era, según sus palabras, algo secundario de lo que se podía prescindir.
Ellos, han visto esta vocación traicionada por mí, por el rápido crecimiento de la Congregación, la expansión por países lejanos, el empeño en los problemas sociales más actuales. Por tanto, lógicamente, exigían una separación.
También este tentativo de escisión ha fracasado, a pesar de todo. Muy pronto alguno de los firmantes ha presentado sus excusas. Al final, Ud. ha vencido el desafío. ¿No es verdad, P. Dehon?
No se trata de una victoria o de una derrota. Se trataba más bien de cómo definir de qué manera específica nuestra Congregación debía servir a la Iglesia y al mundo. En los primeros años de la fundación habría dado, probablemente, mi aprobación incondicional. a la descripción de la vocación hecha por el P. Blancal y de los otros cohermanos. Pero creo que todavía no habíamos entendido lo que Dios quería, con y mediante, esta Congregación.

Después de la carta del P. Blancal, ¿estaba más claro lo que Ud. pensaba cuál era el carisma de la Congregación?
La carta del P. Blancal nos hacer ver que, los cohermanos habían entendido muy bien que este empeño, habría debido caracterizar también nuestra Congregación. Y esto tiene motivaciones que ahondan sus raíces profundas en la espiritualidad, en la experiencia de fe –esto hoy es mucho más claro que entonces. Para mí el empeño en la política, por una sociedad más justa, la voluntad de promover sacerdotes dedicados al mundo del trabajo, no eran solo accesorios que se podían poner o no poner, sin tocar el núcleo de nuestra vocación.
Pero, acaso, muchos cohermanos, piensan que este compromiso social y político era, por decirlo de algún modo, su pasión personal, pero no algo específico de la Congregación,
La carta del P. Blancal demuestra que los cohermanos habían entendido muy bien que este empeño debería haber caracterizado también nuestra Congregación. Después de 1897 he callado. Solo en 1912, treinta y cinco años después de la fundación de la Congregación, para decirlo de algún modo como mi testamento espiritual, donde una vez más ponía en evidencia que los dos apostolados estaban dentro de mi corazón: llevar a los hombres al Amor del Corazón de Jesús, y promover una sociedad más justa especial para los obreros y los pequeños. Cuanto estas cosas eran parte de mí mismo, y cuánto eran inseparables, lo he podido formular solo más tarde en mi vida, aunque lo he vivido ya en los años 90, que para mí fueron de mucha actividad. Muchos cohermanos no obstante olvidaron una pequeña palabra en estas frases.
¿Qué palabra era ésta?
La palabra “E”. Muchos cohermanos son piadosos y activos en la acción pastoral, algunos en el decurso de nuestra historia se han entregado con mucha generosidad al servicio de los pequeños y de los oprimidos, poquísimos se ha dedicado en modo competente a la profundización de la doctrina social, a los caminos y al análisis de la sociedad. Frecuentemente los cohermanos se deciden por uno u otro apostolado. Para mí, los dos caminan juntos.
Muchos hombres, y también cohermanos, se preguntarán todavía que cosa ha de compartir el compromiso social con la piedad.

Mi convicción y experiencia me decían siempre que el Amor de Cristo quiere cambiar el mundo, tanto el pequeño, el privado, como las realidades más amplias sociales… Ciertamente, hubiera sido más sencillo limitarse a la pastoral parroquial y a las misiones populares. Hubiera sido también más simple decir: la sociedad va por derroteros equivocados – pero nosotros no participamos en ello. Actuando de este modo, ¿hubiéramos respondido a las esperanzas ya la dinámica de Cristo? No lo creo.
Por mucho tiempo Ud. ha apostado por una sociedad, guiada por un monarca cristiano, tal como lo habían urgido las visiones de Santa Margarita María de Alacoque.
Yo mismo, por mucho tiempo, he soñado con cosas que ya estaban superadas, he pensado con nostalgia a los buenos tiempos pasados, en los que el cristianismo condicionaba cada fibra de la vida social. Si, todavía este pensamiento conserva aún una cierta fascinación para mí. Y por mucho tiempo he caminado al lado de católicos que se han empeñado por un retorno a la sociedad de otros tiempos. Los llamaban contrarrevolucionarios. Pero Cristo ha vivido el presente, lo ha cambiado, lo ha mejorado.
En 1900, he preguntado a los sacerdotes participantes a un congreso en Bourges: ¿hemos amado suficientemente la sociedad actual, o nos hemos echado para atrás ante
sus desafíos temiendo el quedar mal? La pregunta sigue abierta hasta nuestros días.
Parece que en el curso de su vida usted ha vivido una evolución muy notable.
Ciertamente sí. En fin, de estudiante y joven sacerdote, he sido un ardiente defensor de la monarquía. Pero el precio hubiera sido alto, y con el tiempo me he clarificado. No importa tanto que un país sea gobernado por un monarca, un presidente o un parlamente. Lo que es importante es, si la justicia y la solidaridad aseguran a todos los hombres una vida digna. El pueblo en Francia quería la república –mi objetivo era luchar para que la república llevara lo más posible un sello cristiano; en la cual, la Iglesia fuera reconocida como aliada de los débiles, sobre todo de los trabajadores, y de su esperanza de justicia.
Si he entendido bien, ha debido pagar un precio alto por este empeño: amigos que lo han abandonado, cohermanos que no lo han entendido…
Cuando era joven estudiante y sacerdote, no me hubiera imaginado llegar a ser un día criticado y rechazado por un obispo como “republicano recalcitrante”. Sí, abbés como Lemire, Naudet, Six, yo mismo y otros, no éramos bien vistos en muchas partes del mundo católico en Francia. Aun con hombres como Latour de Pin, de quien era amigo, han disminuido los contactos, porque permanecía monárquico y no quería mancharse las manos en la nueva sociedad. Cuando leo lo que he escrito en los años 90, en artículos, cartas y libros, me sorprendo yo mismo de mi evolución y la claridad de mis posiciones. Vuelvo a repetirlo: Cristo no se ha retirado nunca en un gheto social para ponernos mala cara – pues entonces podría enseguida renunciar a la encarnación. Se ha puesto al lado de la gente sencilla, de los despreciados y marginados. He intentado hacer la misma cosa.
Con su “Sí”, comprometido con república francesa, su atención por la Democracia Cristiana, ¿en el fondo, usted, ha traicionado el espíritu de Paray-le Monial y de Margarita María de Alacoque?
El mensaje de Paray-le- Monial, desde el principio era un mensaje muy político. En su carta al rey de Francia, Margarita María de Alacoque, habla muy claramente de una devoción al Sagrado Corazón que sea relevante y efectiva para la sociedad. Ninguna señal de una reducción a la esfera privada, todavía Margarita María no se había enfrentado con una sociedad en la que, el acceso al poder y su ejercicio, funcionasen totalmente separados de la Iglesia y en la que los monarcas no desempeñaban ningún papel. Para mí, la cuestión estaba muy clara: solo al lado del pueblo, solo en una república deseada por el pueblo, sería posible permanecer fiel a la relevancia social de la devoción al Sagrado Corazón – así como lo había pedido Santa Margarita María de Alacoque. No, ciertamente, no he traicionado a Margarita María, acaso he dado un paso adelante – pero, ¿existe otra posibilidad si el mundo ha dado tantos pasos hacia delante desde los tiempos Margarita María?
Queridos hermanos y hermanas en la Familia Dehoniana, es cierto que el mundo continúa a cambiar. Demos también nosotros nuevos pasos, poniéndonos como el P. Dehon, al servicio de una sociedad según el Corazón de Cristo.
Por esto, rezamos y pedimos la oración de otros, para crecer en la fidelidad del carisma dehoniano. El Señor de la mies suscite nuevas vocaciones en nuestras familias y comunidades.

En comunión Cristo.
P. José Ornelas Cravalho
Superior General y Consejo

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